viernes, 13 de febrero de 2009



Desde el quinto piso se ve la esperanza y la nostalgia, los atardeceres tristes y las noches de neón. Desde el quinto piso se ve mi fantasma persiguiéndome a mi mismo y se ve la gloria huyendo de los peatones sin destino. Desde el quinto piso pasan los días presurosos la poesía de los locos y la amargura de los cuerdos. Cada día, pasan por la ventana como en el cine actores de la vida improvisando historias. Yo no se quien me mando a ser testigo de la ventana, cristal desconsolado, puerta al indinito, vendaval de personajes. ¿Cuántas veces te vi pasar sin acercarme? ¿Cuántas veces me viste allí tan indefenso, detrás del lente que vigila todo y se conforma? Yo te quiero desafiar mientras caminas, agazapado como espía en mi escondite. Cuantas ganas de adherirme al entusiasmo de esos que deambulan como zombis, con destino a ningún lado. Yo soy el que te vio dama invisible exagerar aquel escondite frente a aquel desconocido. Yo te vi extender la mano policía y llevarte a tu bolsillo la mordida. Vi al político limpiando el beso que diera a aquella indigente en la banquera. Claro, muy claro vi pasar al culpable de mis mil noches en vela con su cara de inocente. Quinto piso del destierro, dame un ciento de papel si te es posible, para hacer la crónica del barrio, del país y de los sueños. Yo no quiero ir a otra parte. Aunque a veces compro el diario en la otra calle, y apuro algún café donde Don Pedro. Siempre vuelvo a ese lugar donde no hay nadie, y construyo mi país entre nostalgias, aquí vivo… con el gris de la nostalgia mientras se puede.
Quinto piso… mi trinchera.

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